La historia de TSK comienza en 1986, cuando los departamentos eléctricos del Grupo Erpo se fusionan para crear una nueva compañía de ingeniería y construcción industrial. Cuatro años más tarde, un punto de inflexión clave: Sabino García Vallina, que había sido directivo en la empresa, adquiere la compañía y se convierte en su presidente y consejero delegado, sentando las bases de lo que se convertiría en una empresa familiar. Desde el principio, el libro de jugadas de TSK no fue el crecimiento orgánico, sino las adquisiciones estratégicas. En 1995, compraron la empresa alemana PHB Weserhütte, especializada en el manejo de minerales. Esta adquisición marcó el inicio de una serie de compras que diversificaron el negocio, expandiéndose hacia el tratamiento de aguas en 1999 y, de forma decisiva, hacia la energía solar fotovoltaica en 2006. Cada adquisición no solo añadía una nueva línea de negocio, sino también la experiencia y las referencias acumuladas de empresas con décadas de historia. A medida que el nuevo milenio avanzaba, TSK puso su mirada en el extranjero, estableciendo sus primeras filiales internacionales en 2003. La empresa se labró una reputación en la ejecución de proyectos «llave en mano» para plantas de energía e instalaciones industriales en todo el mundo. Sin embargo, este crecimiento trajo consigo una mayor complejidad. En 2025, la compañía, ahora dirigida por el consejero delegado Joaquín García Rico, hijo del fundador, inició la búsqueda de un socio inversor para reestructurar su posición financiera y financiar su crecimiento futuro, atrayendo el interés de grandes grupos industriales de Asia, Oriente Medio y Estados Unidos.
